Las laderas de una gran montaña, nunca tienen formas regulares. No existe un gran pico al que es posible llegar mediante una autopista, ni por medio de un ferrocarril.
Ni siquiera los escaladores más experimentados, por más que hayan llegado a lo más alto de una cumbre más de una vez… han experimentado los mismos contratiempos en cada expedición.
Cada vez que se disponen a conquistar la cima, supone una nueva aventura cuyas particularidades aún están por descubrir.
Nadie ni siquiera es tan torpe de intentar llegar a la cima con un Land Rover, y aunque lo hubiera, pronto la realidad le pondría en su lugar.

Para llegar a la cima no es que exista el camino fácil, tampoco existe el camino difícil.
Existe el camino posible, y el imposible.
El camino posible es lento.
El alpinismo requiere de dominar la mente, de ser paciente, de ahorrar energías y no de pretender llegar corriendo a la cima.
Pero sobre todo de no tomar riesgos.
En cambio los llamados «traders» esos que son mayoría y que nunca logran llegar a la cima… ¿acaso no intentan conquistar un gran pico nevado corriendo y tomando riesgos?
¿Será que ante el primer fracaso lo intentaran una y otra vez y siempre arriesgando?
No importa el número de intentos, nunca lo logrará…
Y nunca descubrirá que una montaña se parece únicamente al camino difícil, pero no al fácil.
El camino fácil era solo una gran autovía segura y llena de hermosas vistas, larga eso sí.
Pero segura…

